domingo, 7 de abril de 2013

Resgatando a agonia dos obscuros, poema de Alvaro Mutis



LADAINHA
Esta era a ladainha que El Gaviero recitava enquanto se banhava nas águas do delta:
Agonia dos obscuros
recolhe os teus frutos.
Temor dos ancestrais
dissolve a esperança.
Ânsia dos fracos
arrefece os teus ramos.
Água dos mortos
regula o teu leito
sino das minas
modera as tuas vozes.
Orgulho do desejo
esquece os teus dons.
Herança dos fortes
entrega as tuas armas.
Pranto das esquecidas
resgata os teus frutos.
E assim continuava, indefinidamente, enquanto o barulho das  águas afogava a sua voz e a tarde refrescava as suas carnes laceradas pelos mais variados e obscuros labores.



Nota explicativa: o personagem el Gaviero referido no poema é ficcional (tal como Macqrol) e está presente em toda a obra do escritor colombiano Alvaro Mutis. Trata-se de um velho marinheiro, rebelde e visionário, que conta as suas façanhas pelo mundo, em prosa e em verso.  

A escolha deste poema destina-se tão só a concitar a atenção do público para este grande escritor, do qual foi editada recentemente, pela Assírio & Alvim, uma antologia da sua obra poética intitulada Os versos do Navegante, com tradução de Nuno Júdice.  

sábado, 30 de março de 2013

“Europa, tão distante, tão próxima”, por Daniel Innenarity



“Como la mayoría de los tópicos, también es verdad aquel que lamenta el alejamiento de Europa (y de la política en general), bien por falta de integilibilidad, bien porque las élites dirigentes tienen unos intereses que divergen cada vez más de los de la ciudadanía. Siendo esto (parcialmente) verdad, su constatación nos resulta de escaso provecho. De entrada, porque esto es sólo una parte del problema. Ojalá fuera esta distancia todo el problema; sabríamos entonces qué hacer e iniciaríamos de inmediato las correspondientes maniobras de acercamiento. Pero no, el problema es más complejo e incluye unos usos de la proximidad que son tan nocivos como la distancia excesiva.
Lo cercano, lo próximo y lo inmediato no siempre protegen o son evidentes. Con frecuencia, la institución más distante nos libra de la tiranía cercana, como ha ocurrido tantas veces en el edificio jurídico de la Unión Europea, cuyas instituciones comunes nos han protegido de la arbitrariedad próxima. No pocas veces los Tribunales europeos han tenido una mayor sensibilidad para garantizar ciertos derechos que los tribunales domésticos. La construcción de los estados en Europa ha sido una combinación de imposición y emancipación, que suprimía la diferencia pero que también protegía contra la tiranía local.
Hay otro sentido en el cual la profundización en la democracia requiere tomar distancia crítica frente a la cercanía. Si algo le falta a nuestra cultura política es precisamente el mantenimiento de la distancia oportuna. ¿Distancia respecto de qué? Frente, por ejemplo, a la tiranía del momento, la presión de los intereses inmediatos, la seducción de gobernar a golpe de encuesta o la absolutización de nuestros intereses. Con mucha frecuencia la focalización en los intereses inmediatos nos impide alcanzar intereses más alejados (en el tiempo o en el espacio) pero no por ello menos importantes. Esta es la razón por la cual el espacio reivindicativo de nuestras democracias debe ser ponderado con criterios de justicia. Las actuales protestas ante los ajustes y recortes, por ejemplo, se mezclan a veces con reivindicaciones para mantener ciertas situaciones que, en un contexto de crisis que obliga a priorizar, pueden suponer una falta de solidaridad e incluso un privilegio injustificable.
En medio de la actual confusión, hay dos constataciones que no está de más realizar aunque resulten políticamente incorrectas. En primer lugar, que siendo legítima la aspiración democrática a que el pueblo decida, o a no alejar los centros de decisión, lo más democrático –en el sentido de lo decidido por el pueblo- no siempre es lo más justo, y de ello tenemos innumerables ejemplos en nuestra historia política. Y la segunda, que los mercados no son una instancia perversa (que, por cierto, no tuviera nada que ver con lo que la gente quiere). ¿Ejemplos? Berlusconi fue expulsado del poder por los mercados y por la tan denostada troika… y repuesto nuevamente por el electorado italiano. Buena parte de las presiones que Alemania impone sobre los países de la periferia son intachablemente democráticas desde la perspectiva de la democracia alemana, responden a lo que demanda su cuerpo electoral. Y el problema de decisión que atenaza a la Unión Europea y le incapacita a la hora de tomar las decisiones que parecen oportunas para salvar la crisis del euro –como una intervención del Banco Central Europeo comprando deuda pública en el mercado secundario- estriba en que esa decisión no es democrática. Podríamos decir que quien tiene la autoridad democrática no es capaz y quiene tiene la capacidad no está autorizado democráticamente. Nunca se había producido esta contraposición entre los parlamentos y los bancos que pone patas arriba algunos de nuestros tópicos más asentados.
El reciente resultado de las elecciones italianas (reflejo de una tendencia más extendida) ha puesto de manifiesto un cierto agotamiento del eje izquierda-derecha con el que solíamos orientarnos políticamente. No es que el electorado se haya escorado en uno u otro sentido, sino que ha irrumpido un eje nuevo que, simplificando la cuestión, contrapone tecnocracia-populismo (y permite una versión de derechas y de izquierdas de ambos). Las opciones de derechas y de izquierdas se inscriben en este nuevo eje, que funciona como la nueva gran división política.
Nuestro actual desafío político consiste en redefinir esa contraposición y elaborar una nueva síntesis, en uno de cuyos extremos estaría el despotismo ilustrado y en el otro la demogogia. Tal vez deberíamos comenzar por abandonar el esquema pueblo-élites, electorado-tecnosistema porque explica poco y, sobre todo, porque impide articular la síntesis necesaria entre lo propio y lo común, entre el elemento participativo y la delegación democrática en cuya tensión se desarrolla toda la vida política en una democracia compleja.
Cuando la política se ejerce en contextos de densa interdependencia y complejidad, como es el caso especial de Europa, es inevitable que la idea de autogobierno democrático deje de tener sentido si por ella entendemos espacios cerrados de formación de la voluntad política e identidad absoluta de los que deciden y los afectados por dichas decisiones. La política adquiere cada vez más el carácter de lo que podríamos llamar “el gobierno de los otros”, en el doble sentido de que hemos de acostumbrarnos a que “otros” intervengan cada vez más en nuestras decisiones, hacia “arriba” y hacia “fuera”, en el sentido vertical de los expertos (sin cuyo saber no podríamos adoptar decisiones políticas razonables) y en el sentido horizontal de los vecinos, a los que afectamos con nuestras decisiones y que están obligados a examinar si son justas las cargas que nos imponen con las suyas. Debemos equilibrar el derecho de los pueblos a tomar sus propias decisiones con la obligación de no arrojar cargas injustas sobre los demás y especialmente con quienes compartimos un destino común. Así pues, una democracia compleja requiere un elemento de delegación “vertical”, una confianza todo lo crítica y revocable que sea posible, y una intervención “horizontal” a la que sólo hace legítima la reciprocidad. Nuestro derecho a intervenir en los otros viene compensado por nuestra obligación de ponderar la justicia que sobre esos otros se deriva de nuestras propias decisiones.
Hay dos cosas que matan a la política: la excesiva distancia y la excesiva cercanía. De que logremos el equilibrio adecuado entre saber experto y opinión pública, entre decisión y responsabilidad, entre nosotros y ellos, depende que tengamos una democracia de calidad, a la altura de la complejidad de los riempos que nos han tocado vivir.”
Artigo de Daniel Innenarity, publicado no Diario Vasco/el Correo, 16/03/2013

“Quem decide o quê”, por Daniel Innenarity




Un presidente del Parlamento alemán, aficionado a hacer coincidir sus visitas oficiales con países en los que había algo que cazar, tuvo una experiencia desconcertante en la antigua colonia alemana de Togo. Mientras era conducido del aeropuerto a la ciudad, la multitud exclamaba algo cuyo significado le intrigaba. Su anfitrión le explicó entonces que el grito “uhuru” significaba independencia, lo que el huésped no conseguía entender, pues Togo ya era un país independiente. “Sí, pero eso fue hace mucho tiempo y la gente se ha acostumbrado a ello”, le aclaró el presidente del país.
El mundo ha dado demasiadas vueltas en los últimos años, pero muchos siguen entonando su grito particular como si aquí no hubiera pasado nada. Conceptos como soberanía, marco constitucional, integridad territorial o autodeterminación necesitan ser repensados si es que no queremos ofrecer el mismo espectáculo que asombraba al visitante alemán. Las sociedades se han pluralizado en su interior y las aspiraciones de autogobierno de las naciones son algo persistente; al mismo tiempo, el entorno de interdependencias hace inservible el concepto de soberanía o ámbito exclusivo de decisión. Estamos viviendo un momento de profundas mutaciones en la historia de la humanidad, en el que que ciertas formas de organización de la vida en común se nos están volviendo inutilizables a mayor velocidad que nuestra capacidad de inventar otras nuevas. En esos momentos históricos entre el “ya no” y el “todavía no” los seres humanos ofrecemos espectáculos diversos que podrían hacer reír a los togoleses, pues hay quien reivindica lo que ya tiene, quien defiende lo que no está vigente o quien promete lo que no puede.
El debate en torno a esta cuestión está lleno de reproches e incoherencias; es preferido el eslogan al concepto porque de este modo se asegura una ventaja que confiere a la propia posición la superioridad de una evidencia incontestable. ¿Quién puede contestar el derecho democrático a decidir nuestro futuro? ¿Cómo no calificar de desafío soberanista cualquier iniciativa que se plantee al margen del actual ordenamiento constitucional (aunque esa Constitución no prevea ningún cauce para la modificación del sujeto político que la sostiene)?
Las posiciones así aseguradas se traducen en procedimientos que impiden cualquier solución porque predeterminan el resultado del combate. No hay manera de encauzar políticamente la discusión si “somos un pueblo” (a pesar de que no todos lo sientan así o no pocos desearían legítimamente vincular su destino al de otros) o si esa cuestión está zanjada por un determinado marco constitucional (que distribuye mayorías y minorías de modo que es imposible la secesión e incluso la modificación de ese marco) y el único sujeto político con derecho a decidir es el conjunto del pueblo español. Unos establecen el sujeto político con independencia de su verificación empírica y otros fijan las reglas del juego de tal modo que predeterminan el resultado de cualquier negociación. Hay quien utiliza un veto donde le conviene e impugna el de otros allí donde no le es favorable, de manera que resulta imposible salir del atolladero al que conducen las mayorías impositivas y los vetos que bloquean.
¿Cabe pensar, pese al uso interesado y ventajista de ciertos conceptos, en una coherencia democrática desde la que puedan resolverse los conflictos políticos en torno a la identidad y el autogobierno?
Comencemos por una constatación sin la cual las sociedades complejas no pueden construir su convivencia democrática. En sociedades compuestas, donde existen núcleos resistentes a la uniformización y con profundas aspiraciones de autogobierno, todo lo que pueda surgir en términos de unidad lo hará a partir de la diferencia y producido por ella. Por eso mismo, la articulación política de la diferencia nos obliga a avanzar en las lógicas de reconocimiento y reciprocidad. Los sistemas políticos complejos y maduros no se gobiernan bien mediante la imposición, la unilateralidad y la subordinación, sino a través del pacto y la bilateralidad. El pacto y la no-imposición es el procedimiento por el que se constituyen las reglas de juego de las sociedades avanzadas. La multilateralidad que las posiciones más progresistas exigen para la nueva configuración del mundo es exigible también como principio organizador de nuestras sociedades.
La convivencia puede ser organizada desde un principio de pluralismo constitucional: los sujetos políticos amplían su espacio de juego en la medida en que consiguen aumentar su riqueza cooperativa. El concepto de soberanía entendida como el ejercicio ilimitado, incompartible y exclusivo del poder público debe ser sustituido por el reconocimiento del hecho de que la soberanía está repartida entre diversas instituciones —local, regional, nacional, estatal e internacional— y limitada por esa pluralidad. Desde esta perspectiva, derecho a configurar autónomamente el propio destino no significa otra cosa que el derecho a participar, en igualdad de condiciones, en el juego de las soberanías compartidas y recíprocamente limitadas. Decidir es siempre codecidir y esto supone exigencias recíprocas diferentes para cada uno: las sociedades subestatales se ven obligadas a respetar su pluralismo interno y a tener en cuenta que hay vínculos comunes que solo se pueden modificar de manera pactada; los Estados que albergan a estas comunidades no pueden resolver estos asuntos más que con instrumentos que impliquen una renuncia a su posición dominante y pongan en marcha procesos de negociación o arbitraje con resultado abierto.
Todo lo que no pase por aquí será un fracaso histórico aliviado por gritos reconfortantes para mantener a la propia tribu unida o para asegurar la imposición en nombre de valores supuestamente indiscutibles.”
Artigo de Daniel Innenariry, publicado no El País 15/03/2013

quarta-feira, 27 de março de 2013

Viva o Teatro que nos desperta

O teatro é talvez a primeira forma estética do homem apreender o sentido ontológico do real, em função do qual pode interpretar o seu lugar no mundo.
Com os gregos clássicos, a arte teatral serviu à cidade de espelho através do qual ela podia pensar-se enquanto humanidade de um viver comum, de cooperação e de conflito, sob a égide do Destino e do olhar, hostil ou benevolente, dos deuses.
Com o cristianismo, durante a Idade Média, a representação teatral tornou-se, no rito, a linguagem da celebração dos mistérios de Deus, ou foi usada com o intuito de censurar os pecados e contribuir para a conversão, no teatro religioso ao serviço do projeto da Igreja.
Mas a par deste teatro religioso, foi surgindo um teatro profano, no princípio ligado à corte mas que rapidamente se difundiu pela sociedade, nas feiras e no espaço das cidades. Esta forma, que no princípio surgiu como diversão dos cortesãos, foi-se tornando pouco a pouco mais independente da corte, entrando por vezes em confronto com os poderes instituídos.
Criou-se desde aqui uma relação ora de mais proximidade e de serviço ora de mais distância e oposição entre o teatro e o poder, consoante as conjunturas e os autores em presença. Mas com a modernidade afirmou-se um teatro de raiz popular, à margem do poder.
Em Portugal temos um documento, datado de 1193, de uma doação a dois jograis no reinado de D. Sancho I, que diz o seguinte: “” Nós, mimos acima referidos, devemos ao Senhor nosso Rei um arremedilho para efeito de compensação“. “Arremedilho” é a imitação burlesca em que se ridiculariza alguém macaqueando o seu semblante, e, segundo Luciana Stegano Pichio, é um género dramático típico de Portugal, que pode ter-se inspirado nas representações satíricas dos goliardos. Esta forma artística foi penetrando para além do espaço da corte, nas feiras e espaços urbanos, popularizando-se e assumindo como instrumento de flagelação das autoridades e de afirmação da dignidade dos oprimidos.
Este teatro satírico, que nasceu com as nossas origens, continua a ser uma necessidade ingente para estes tempos de crise, que esmaga quase todos para benefício de mui poucos.
Viva o teatro neste dia da sua celebração mundial!


terça-feira, 26 de março de 2013

Adónis : “Os nossos passos são uma fila de mortos” – imprecação contra o morticínio em marcha na Síria

O Tempo

Abraço a espiga do tempo,
a minha cabeça é uma torre de fogo.
O que é este sangue que palpita na areia
e o que é este ocaso?
Chama do presente, o que podemos dizer?

Na minha garganta estão os fragmentos da História
e no meu rosto os sinais do sacrifício.
Que amargo é agora a linguagem!
E que estreita a porta do alfabeto!

Abraço a espiga do tempo
A minha cabeça é uma torre de fogo.
Converteu-se o amigo em carrasco?

Um vizinho disse-me: quanto tarda Hulagu a chegar!
Quem bate à porta? O cobrador de impostos?
Paga-lhe o imposto … silhuetas de mulheres
e de homens … imagens que caminham …
Trocámos sinais, intercambiámos segredos.
Os nossos passos são uma fila de mortos.
O teu morto vem do teu Senhor
ou o teu Senhor vem do teu morto?
Perdido pelo enigma, inclina-se
o arco do terror sobre os seus dias encurvados.

- Ele tinha um irmão. Desapareceu. O meu pai enlouqueceu.
Os meus irmãos morreram. A quem chamar?
Temos que abraçar a porta, suplicar ao tapete?
- Delira. Traz a caixa de rapé e cura-o com o rapé dos sábios.
Cadáveres que o assassino lê como se fossem anedotas.
O montão é um celeiro de ossos, a cabeça de um menino
ou um pedaço de carvão?

( …)

Selai estes ventos inconvenientes.
A História foi degolada
e isto não é mais do que o prelúdio.
Deixai ao verdugo, à vítima e ao sacrifício como mártires
e cobri-me com os seus restos
e desenhai-me uma ruína.
Assim arrancarei a sabedoria do seu jazigo
E gritarei: bem-vindos os meus escombros, a minha decadência.
Amanhã a morte soprar-me-á sem que me extinga,
amanhã sairei da luz para ir em direção a outra luz.
Certo de que sou mais frágil do que um fio
mas mais nobre do que um deus.
(…)

Adonis, excerto do poema “O Tempo”, in O Assédio de Beirute, 1985 . Esta tradução pessoal do excerto foi obtida a partir da espanhola, de María Luisa Prieto, que pode ver no site dedicado à poesia árabe.

quarta-feira, 20 de março de 2013

“Guardar o outro e toda a criação”: a primeira homilia do Papa Francisco.

A primeira homilia do Papa Francisco, ontem, servindo-se da festa do dia em que se celebra S. José, glosou o mote que deve conduzir a ação do cristão e de todos os homens: ser guarda do outro homem, abrangendo nesta dinâmica toda a ordem criada.
Convocando o Génesis, onde Deus confia ao homem a função de guarda de toda a criação, serve-se de S. Francisco para enumerar várias modalidades de exercício deste cuidado, concluindo: “fundamentalmente tudo está confiado à guarda do homem, e é uma responsabilidade que nos diz respeito a todos. Sede guardiões dos dons de Deus!”
Mostrando que a exigência da responsabilidade é hoje de uma urgência inaudita que se dirige a todos os homens, dada a persistência no mundo do “mal radical”, a sobreposição do interesse próprio ao interesse coletivo, indo ao extremo da condenação à morte do outro, pela fome, pela miséria ou pela guerra, e com a destruição do meio ambiente, pondo em risco a sobrevivência das gerações futuras.
A expressão “guarda do irmão” surge no texto bíblico pela primeira vez quando Deus pergunta a Caim, depois deste matar o irmão Abel - “Onde está o teu irmão?” – pergunta Deus. Ao que Caim responde, evasivamente: “Não sei. Acaso sou guarda do meu irmão?” (Gn 4, 9).
Esta palavra continua a ser dirigida a cada um de nós hoje, sempre que não impedimos ou viramos os olhos “a todos assassinatos lentos e invisíveis que se cometem nos nossos desejos e nos nossos vícios, em todas as crueldades inocentes da vida natural, nas nossas indiferenças de “boa consciência” a respeito do próximo e do distante e até na nossa obstinação arrogante das nossas objetivações e das nossas tematizações, em todas as injustiças consagradas, devidas aos nossos pesos atómicos de indivíduos e aos equilíbrios dos nossos regimes sociais” (cf. E. Lévinas, À l´heure des nations, p. 162).
Guardar o outro e toda a ordem criada, como o Papa proclamou, é assim um grito e um convite dirigido a cada homem: colocar a liberdade ao serviço da responsabilidade incondicional, como suporte da construção de um mundo justo “dando a cada um o que é seu”. Esta responsabilidade torna-se assim o bom critério da conduta de cada homem, acima do cumprimento da lei ou da “boa consciência, pois só ela interrompe a violência inerente à nossa condição de seres separados.
Esta homilia, pelo tema que aborda e pelo modo tão universal e com a linguagem despojada que qualquer um entende, é um boa semente lançada ao mundo, e que espero possa servir de fermento para a ação e o magistério do sucessor de Pedro. De modo a que o exercício do poder eclesial, nas palavras do Papa, seja sempre serviço, humilde, afetuoso, concreto, envolvendo a humanidade inteira, sobretudo os mais pobres e os mais fracos, e que tenha "o seu vértice luminoso na cruz”.

segunda-feira, 18 de março de 2013

Nana Mouskuri canta Schubert: a "comoção de amor" entre os povos grego e alemão é possível

 

Serenata

De mansinho as minhas canções
Imploram-te através da noite;
Desce o silencioso bosque,
Minha amada, vem para mim!
Segredando os esguios cumes murmuram
À luz da Lua;
Não receies o espreitar inimigo
Do traidor, minha querida.
Ouves os rouxinóis cantarem?
Ah! eles imploram-te
Com o tom de doce queixa,
Eles imploram-te por mim.
Eles compreendem o desejo do coração.
Conhecem a dor do amor,
Tocam com os sons cristalinos
Todos os corações ternos.
Deixa também o teu coração comover,
Meu amor, ouve-me!
Tremendo de impaciência eu vou ao teu encontro!
Vem, faz-me feliz!